Este libro es una colección de leyendas inéditas en la región del peten campechano, habitado principalmente por los descendientes de quienes en alguna época arribaron a ese territorio para efectuar trabajos en la explotación de recursos naturales en la selva, principalmente maderas preciosas, chicle, caucho y palo de tinte.
Esencialmente habla de las selvas de Calakmul un centro de la civilización maya de grandes proporciones que en la época que narra el texto pertenecían a un latifundio que se llamaba Matamoros, en el cual quedaba incluida parte del actual Municipio de Escárcega.
Las selvas de Calakmul y por ende las de Escárcega, antes de ser usufructuadas por "The Laguna Corporation" fueron explotadas también ilegalmente por aserraderos clandestinos que se ubicaban en las entrañas de la otrora selva impenetrable, estos aserraderos de origen extranjero contrataban indígenas y mestizos a quienes mantenían después de cumplido su contrato en calidad de esclavos, toda esta gente no podía escaparse por los peligros propios de la selva, por la falta de caminos y por la persecución por parte de los dueños de los aserríos.
Los Fantasmas del Aserradero

Capítulo 1

 
Esta historia me ocurrió con un grupo de madereros casi al final de la temporada del corte de madera, eran días lluviosos y no permitían mucha actividad, de manera que permanecían en el campamento afilando las hachas y machetes, rajando leña para la cocina, desempeñando otra actividad o simplemente haraganeaban hasta caer la noche.
La temporada del corte de árboles estaba para finalizar y las lluvias no nos dejaban trabajar bien a causa de las llantas del camión que resbalaban en el suelo lodoso, también abundaban los moscos y los chaquistes; y las serpientes venenosas buscaban lugares secos que regularmente eran los caminos y vereda. Sabíamos que el tiempo en el monte se terminaba y pronto los chicleros vendrían a la selva para extraer gomorresina de los árboles de Chico Zapote.
Ya se había hecho costumbre contar historias de terror antes de dormir, alguien lo propuso esa noche húmeda, pero debido al agotador trabajo de ese día no tuvo eco tal propuesta, de manera que poco a poco la gente se quedó dormida Jacinto y Sotero se  acostaron en el suelo cerca de mí.
Todos dormían profundamente, solamente se escuchaban sus ronquidos y el chisporrotear en la fogata donde ardía un grueso tronco de jabín produciendo humo.
No podía conciliar el sueño pensando en el fin de temporada y en los compromisos no cubiertos, ya que la lluvia pone el suelo lodoso y las llantas el camión patinan y no podríamos transitar más en el monte; por lo tanto, es necesario dejar el corte de madera, pero así es la ley en la montaña, en el tiempo de sequía se trabaja la madera y en las lluvias el de la resina para el chicle; por lo tanto, cualquier día los chicleros llegarían al campamento de la laguna, señalando el momento de retirarnos o unirnos a ellos.
Cavilaba en esto; cuando, ¡de pronto escuché algo! era como gritos desesperados de alguien pidiendo ayuda, agucé el oído, pues la pertinaz llovizna seguía cayendo y no dejaba escuchar bien, pero sí eran voces, se oían tétricas y daban escalofríos, eran voces pidiendo auxilio o al menos eso parecía, con calma, me incorporé y desperté a Sotero, despacio le dije que permaneciera callado para escuchar algo que me inquietaba, ¡rápido! Jacinto también despertó preguntando.
—¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
Sotero dijo:
—Escuchamos algo, pon atención a ver si identificas los sonidos.
Jacinto, siendo Indígena de raza pura, tenía los sentidos muy desarrollados, especialmente el oído, pues los utilizaba en la selva frecuentemente. Él escuchó por segundos y dijo:
—Sí, son voces de personas pidiendo ayuda, están en el camino real, muy cerca de aquí.
Vayamos a ver de qué se trata —dijo Sotero.
—Hagámoslo rápido, quizás son monteros necesitando auxilio —Jacinto respondió.
Amarrándonos el machete a la cintura salimos del refugio, la llovizna se había tornado muy fina, parecía densa neblina que caía lentamente sobre los árboles del monte filtrándose entre sus ramas.
Nos dirigimos hacia el camino real que estaba cerca de ahí, pero cuando llegamos, las aflicciones de dolor se alejaban más, como si quienes las decían, también caminaran en el mismo sentido alejándose de nosotros.
En la penumbra de la noche con la luz de una lámpara de cacería puesta en la frente, apenas distinguimos a la distancia la figura de unos hombres, usaban cachuchas raídas y  cargaban a otro como si estuviera gravemente herido o borracho, entonces, Jacinto gritó con fuerza.
—¿Qué les sucede? ¿Necesitan ayuda?
Sí, auxilio por favor —respondieron con voces lastimeras.
A través de la neblina se veía como si sus cuerpos permanecieran en el mismo lugar, entonces caminamos rápido hacia ellos, pero al acercarnos, con el resplandor de la lámpara notamos sus manos descarnadas y debajo de sus carcomidas cachuchas los huesos de sus cráneos se veían blanquear, ¡eran esqueletos vestidos con harapos! Entonces nos paramos bruscamente y quedamos paralizados.
En ese momento, los fantasmas se metieron a lo más intrincado del monte y se perdieron de vista; cuando salimos de nuestro asombro, corrimos hacia el campamento, pero caímos dentro del lodazal tropezando con troncos y piedras, resbalando y cayendo en el fango, cuando finalmente llegamos al campamento, la gente ya se disponía a ir en nuestra búsqueda, pues habían escuchado los gritos de Jacinto.
Agitados por la carrera y llenos de miedo, relatamos lo sucedido con palabras entrecortadas, todos estaban aterrorizados y sugerían el regreso inmediato al campamento, comentaban que eran los espíritus de chicleros fallecidos que vagaban por el monte, estaban asustados y tenía que infundirles valor, así que les dije que quizás si eran los espíritus que mencionaban, pero ya se habían marchado y no podían hacernos daño alguno, sólo asustarnos.
Las mujeres estaban muy asustadas y empezaron a rezar implorando la protección divina haciendo más tétrico el momento, para alejar el temor hicimos grandes mechones con el combustible Diésel del camión, quedando iluminado todo el campamento.
Alguien puso café en una olla y la mayoría de la gente, alarmada, no dormían hablando del suceso, pero Jacinto aseguraba que con tanta luz, vigilancia y rezos no existía fantasma capaz de llegar hasta nosotros; no obstante, nos acurrucamos como buscando protección unos a otros y empezamos a roncar.



 

 
El Sueño de Pepín








Pepín


 El Niño que Quería ser Pájaro


 

Érase una vez un niño que se llamaba José Alberto y de cariño llamado Pepín, vivía en una finca tropical llena de árboles frutales donde el pasto verde y las flores crecían por doquier, de los pozos artesianos, las bombas extraían agua cristalina que corría entre el huerto; por ende, abundaban pájaros de muchas especies.

Pepín siempre fue un niño muy inteligente, pero demasiado delgado y enfermo de asma; le gustaba que le llamaran por Pepín, pero su mamá le llamaba pepe a secas. Como no era de su agrado decía.

—No me llames Pepe, llámame Pepín.

Pero su madre cariñosamente le decía.

—No hijo tu nombre es José y el hipocorístico es Pepe no Pepín.

—No, mamá yo soy Pepín—. Preocupado respondió.

— ¡Que no! Te decimos Pepín de cariño pero eres pepe, repepe y recontrapepe.

 Entonces él decía:

—¡Yo soy Pepín! — y se retiraba.

 Era especial en cuanto a comidas, no le gustaban algunos guisos que hacía su mamá; pero le gustaba hacerle bromas a sus hermanos, a veces se burlaba de algunos defectos de ellos, amaba a los pájaros y cuando peleaban decía: —Ojalá yo fuera un pájaro para poder volar lejos de ustedes.

Observaba a los pájaros y hacía ruidos imitándolos; cierto día, encontró un pedazo grande de cartulina y se confeccionó un gran pico, se lo ató en la boca con un lazo atrás de la cabeza y así fingiendo ser un pájaro andaba por todo el patio de la casa, daba de picotazos en el piso simulando que comía granos o gusanos.




 



                                              
Si alguna vez pensamos ¿Cuándo habrá un cambio en la forma de actuar de las personas? Debemos saber que todos, alguna vez, hemos recibido avisos de la naturaleza y de personas inspiradas, referente a nuestro futuro aquí en la tierra, pero con frecuencia, hacemos caso omiso de ellas y quizás, por la comodidad actual, pensamos que ese día nunca llegará.
 Los párrocos y líderes eclesiásticos no se han cansado de amonestar a sus feligreses, salvo excepciones que si las hay, todo continúa igual; sin embargo, quienes de alguna manera tuvimos la oportunidad, observamos que en el año de 1998 comenzó a gestarse un cambio en mucha gente. Debido a las diferentes predicciones que se habían hecho acerca del fin del mundo Las iglesias se atiborraron de fieles y en el ámbito familiar los padres empezaron a mejorar sus relaciones con la esposa e hijos; por supuesto, se trataba de seudo profecías que situaban el cumplimiento de los tiempos en esas fechas. Dichas profecías equivocaban el concepto, pero la gente temerosa, pensó que era el momento propicio para el arrepentimiento.
Como casi siempre sucede, todo fue originado por la ignorancia, puesto que el fin del mundo y el cumplimiento de los tiempos, son dos cosas diferentes que han sido asociadas; cuando se menciona el fin del mundo, generalmente se refiere a la extinción de vida en el planeta, causada por la destrucción de éste, situación que podría suceder por diferentes causas, pero sin incluir el juicio final y la destrucción de los malvados. El cumplimiento de los tiempos es un término bíblico que indica el fin de la iniquidad por intervención divina, usando para este fin, hambrunas, epidemias y cataclismos, causando por supuesto, graves daños ecológicos y alteraciones a la superficie terráquea; no obstante, no sería el fin de la existencia humana, ni de la fauna y la flora en el planeta.
Entonces ¿Cómo se supo acerca de esto? Y ¿Porqué hay confusión de términos? La gente y muchos religiosos suponían que era alguna profecía de las escrituras, donde se menciona las señales antes del fin; sin embargo, aunque algunos clérigos obraron con cautela y se mantuvieron al margen de algo que no sabían, otros no, predicando que se acercaba el fin del mundo, esperando infructuosamente el fin de los tiempos y la llegada de Jesucristo en el año 1999 o 2000.








El Antiguo Testamento ha tenido una notable influencia en tres importantes religiones que tienen sus raíces en este libro: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo.


Sin tomar en cuenta la importancia que tubo para los pueblos bíblicos, es posible que sea de más valor para nuestra época; sin embargo, con frecuencia dudamos acerca de lo que ahí está escrito, quizás porque no conocemos la historia del género humano desde sus comienzos como un ser de descendencia divina, tampoco sabemos la historia y las razones por las cuales Dios escogió un linaje que se rigió por medio de símbolos hasta la llegada de Jesucristo.
 También dudamos a causa de la doctrina que recibimos, pues muchas veces provienen de fuentes inciertas y contaminadas con añadidos de hombre, no obstante, podemos encontrar múltiples recursos para fortalecer nuestro conocimiento religioso y poder comprender los arcanos bíblicos y sectarios.

Este texto incluye algunos elementos que pueden fortalecer nuestra comprensión, pues está apegado a la doctrina pura y sin macula, también contiene ese conocimiento que Jesús dijo por medio del profeta Jeremías refiriéndose al pueblo del convenio:

Porque dos males ha hecho mi pueblo:

    Me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua.

Para los pueblos antiguos las cisternas eran indispensables; ya que en ellas almacenaban agua y se prevenían para los espontáneos periodos de sequía que azotaban frecuentemente las tierras palestinas, sin embargo, estas cisternas cavadas en la roca a veces tenían fisuras y no retenían el agua.

Por medio de esta parábola el Señor hacía saber a su pueblo que debían confiar siempre en él, la única fuente de agua viva, sin embargo, los israelitas en muchas ocasiones se dirigieron a otras fuentes para obtener poder espiritual, fuentes que no eran capaces de contenerlo por mucho tiempo, pues sus fisuras permitían la fuga de su conocimiento al igual que un pueblo en períodos de sequía, el señor Jesucristo lo confirmó en la época del nuevo testamento cuando junto al pozo de Sicar le dijo a la mujer samaritana:



“Pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”








Las pesadillas por la noche fueron en aumento   ahora eran sueños eróticos, muy extraños, bellas mujeres voluptuosas de largas y sedosas cabelleras parecidas a las jóvenes del tren me asediaban durante la noche provocándome poluciones a tal manera que amanecía extenuado y hambriento.

Al respecto Manuel me preguntó:

—¿Que te pasa? Te veo un poco extraño.

—No lo sé Manuel, pero algo malo está ocurriendo.

—Malo, ¿Como que?

—Por las noches no puedo Dormir, me parece ver figuras de voluptuosas mujeres que deambulan por el aire y cuando al fin logro cerrar los ojos, se incorporan a mi sueño, esto es en realidad un infierno.

—¡Un infierno!, Invítame a tu  infierno amigo —dijo al mismo tiempo que reía estrepitosamente.

Pero rápido y poniéndose serio me dijo:

—Me río de miedo más no de otra cosa, te voy a contar mi sueño, yo no duermo tranquilo, lo que pasa como tú ya sabes me duermo fácilmente.

—Si, lo se, te duermes hasta caminando —y reímos los dos.

—Mira mis sueños son muy parecidos a los tuyos, con la diferencia que unas bellas mujeres me asedian con los mismos propósitos que a ti, pero son tan repugnantes a la vez, que en mi sueño siempre ando huyendo de ellas.

—¿Repugnantes?

—Si, son hermosas, muy perfumadas, están desnudas y sus rostros son muy parecidos a las hermanitas de Emeterio y na’, pero tienen alas, semejantes a los murciélagos y de su cuerpo salen afiladas navajas que se mueven produciendo un espantoso ruido.




BIENVENIDOS


Aluxob

A la caza de un Alux


Después de unos minutos dentro del extraño ambiente que para nosotros fueron siglos, se acercó la cubana Colasa.
Al caminar se contoneaba y pasaba su mano con gracia sobre el negro, corto y
ensortijado cabello que traía arreglado con minúsculas trenzas que brillaban de tanta vaselina y remataban en unos pequeños huesos y moños de color rojo, realzando así su aspecto de pitonisa.
Excitada por el esfuerzo que hacia al llevar a cabo su trabajo, de su morena y amplia frente le escurrían gruesas gotas de sudor; en aquel momento sin avisar, nos roció con una loción verde y olorosa.
Nos indicó que entráramos a una
habitación adornada con policromos cortinajes, en los quicios colgaban algunas cabezas de ajo y unos ramos de hierbas, en el centro del cuarto había un viejo y destartalado anafe de lámina que tenía algo que ardía y echaba un sahumerio fastidioso y picante; Colasa siempre utilizaba ese espeso humo para sus trabajos, pero a nosotros, aparte de hacernos toser y derramar una que otra lágrima, nos causaba gran dificultad para distinguir nuestro entorno. La cubana maliciosa sonreía enseñando sus dientes manchados por el tabaco, mientras decía:
—Ustedes están poseídos de malos vientos y demonios por eso no soportan el olor—.
Mientras con ternura nos llamaba por nuestro nombre, no dejaba de mirarnos lascivamente y con sus delgadas manos de largas uñas pintadas de negro acariciaba mis cabellos, de repente se inclinó y me dio un beso directo, chupándome la boca como si fuera una fruta madura que me dejó nervioso e impregnado de un fuerte olor a tabaco y un agradable olor a sándalo.
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